Nunca me gustó el color verde. Me recuerda inevitablemente al color de las grandes máquinas de las fábricas y, como no, al de los hospitales.
Pero esta vez he elegido el verde para este blog por ser el color de la esperanza, que para eso dicen que es lo último que se pierde.
Porque aunque algún profesional de la medicina se haya permitido comentar que mi madre ha sobrevivido 5 años a un cáncer y que la medicina tiene sus limitaciones, yo no creo que la deban desahuciar. Yo no conozco las limitaciones de la medicina, pero sí que sé lo que tiene mi madre: unas hijas que no van a permitir que la dejen morir.
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